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¿Qué tienen los istmeños que siendo tan oaxaqueños parecen no serlo por su forma de pensar, ser y actuar, tan singular, al tener la tendencia genética del éxito en los negocios, así como...
¿Qué tienen los istmeños que siendo tan oaxaqueños parecen no serlo por su forma de pensar, ser y actuar, tan singular, al tener la tendencia genética del éxito en los negocios, así como al disfrutar la vida como una pachanga permanente, incluso al ser sepultados bajo las notas de “Guendanabani”, La Última Palabra, que canta a la vida, al amor y a la muerte? Los istmeños viven y mueren, por supuesto, bajo la letra y el espíritu de la inmortal Sandunga: “Niña, cuando yo muera/No llores sobre mi tumba, / Canta sones alegres, mamá, / Cántame La Sandunga//No me llores, no, no me llores, no, / Porque si lloras yo peno. /En cambio, si tú me cantas/ Yo siempre vivo, yo nunca muero”. Esta interrogante vital me asaltó obligadamente al observar el indiscutible éxito empresarial de Humberto López Lena Cruz al inaugurar una nueva agencia Nissan, en Salina Cruz, con el orgullo de su hijo Carlos Humberto López Lena Pineda al frente de la nueva empresa automotriz. Me referiré al sénior como Humberto II para diferenciarlo de su padre, Humberto López Lena Robles, y del junior Carlos Humberto III. Pero la historia de éxito y triunfos de la familia López Lena no son flor de un día ni siquiera de diez o veinte años, menos de un trienio o de un sexenio gubernamental, como en el caso de muchos otros pseudo empresarios oaxaqueños. Este caso no es así, de ninguna manera, por el contrario, es producto del trabajo, del esfuerzo y del sacrificio de cuatro generaciones iniciadas por el patriarca de la familia, don Alejandro López Lena Ordaz y don Humberto I, un gran impulsor de negocios en la región del Istmo, en el estado de Oaxaca, en la Ciudad de México y fuera del país, en Canadá y la Unión Americana. Es resultado, al mismo tiempo de la visión, sensibilidad y por qué no, de los tamaños de todos ellos para enfrentar terribles vicisitudes producto de la mezquindad y de la venganza política, como ser encarcelado injustamente por un gobernador sátrapa como José Nelson Murat Casab, en el caso de Humberto II. Cáliz amargo del que le tocó beber a Humberto III y fortalecer sus alas de aguilucho para aprender a levantar el vuelo, después de vivir y sufrir en carne propia tan terrible injusticia familiar. Sin embargo, no hay lección de vida más importante que capitalizar el dolor a nuestro favor para crecer. Así lo entendió y así lo hizo Humberto III. Y hoy, la vida y su padre le dan la oportunidad de demostrar que sus alas son lo suficientemente fuertes para empezar a volar solo al lado de su primo hermano Beto al frente de una nueva empresa familiar. Es para Humberto III emprender la más hermosa de las aventuras, desde luego. Es la oportunidad de demostrar en homenaje a su bisabuelo Alejandro y a sus abuelos paternos, Humberto I y, particularmente a Na´ Bertha, recientemente fallecida, que sus genes no se equivocaron y que lleva con toda dignidad el apellido López Lena para honrarlo toda la vida. Estoy cierto que Humberto III podrá hacerlo, porque al igual que sus hermanas Daniela y Lesly mamó educación y cultura empresarial en el seno de su hogar, con valores y principios, basados en la libertad y dignidad humanas, y en el trabajo fecundo y creador, práctico y pragmático de su controvertido padre empresario y político ciudadano. El permanente espíritu emprendedor de la familia López Lena ha llevado a su hermana Lesly a poner en servicio, en breve, el restaurante de comida internacional Sazón y Origen, en la ciudad de Puebla, en sociedad con el empresario dulcero Jesús Ricárdez, un oaxaqueño ausente que ha triunfado en la ciudad que rinde homenaje a los ángeles. Con gran sensibilidad, gratitud y generosidad, durante la inauguración de la nueva Agencia Nissan, Humberto III rindió homenaje a su madre Luli, a su abuela materna Na´ Oralia, así como a sus hermanas, tíos y primos, quienes forman las fuertes y sólidas ramas del viejo roble representado por don Alejandro y don Humberto I. |